viernes, 8 de junio de 2007

Una chica corriente.

Me gusta mi cicatriz. No sé porqué pero me gusta. Quizás sea porque los superhéroes de mi infancia y otro tipo de personas especiales se caracterizaban por tener una marca, una señal, que les distinguía. Que les hacía distintos. Manchas de nacimiento que recordaban su esencia exclusiva y auguraban un futuro excepcional, cicatrices que recordaban un pasado distinto, grandes acontecimientos, poderes especiales…

Mi cicatriz no es especial. Yo tampoco. Está en mi mano derecha, en el dorso, justo en el centro del triángulo que forman la base del dedo gordo, del índice y la muñeca. Es una recta de poco más de un centímetro, algo rugosa, muy fina y de un color oscuro. Tampoco esconde una historia importante detrás, un arañazo al presionar mi mano contra una esquina de una puerta de aluminio. Llevaba cajas pesadas encima, por eso el impacto fue algo mayor. El arañazo, a pesar de que casi no sangró, no cicatrizó bien, y de ahí la marca.

Me gusta mirarla. Y pasar mi dedo suave sobre ella. Mientras imagino. Imagino que no soy una chica mediocre, con un trabajo mediocre, en una vida mediocre.

Cuando alzo la vista de la cicatriz, observo lo que tengo a mi alrededor, volviendo a la realidad. ¿Qué veo? Una habitación vieja, con dos mesas de oficina, de material barato y aspecto sencillo. Un portátil sobre una de ellas, un PC sobre la otra. Papeles desordenados por todas partes y algunos archivadores de cartón. Nada estético, ni refinado. Para completar la visión, cables sueltos por todas partes dejando claro lo chapucero de la instalación telefónica.

Fuera hace un sol esplendido, un sol de sur en plena primavera, pero dentro el frío te cala los huesos. Y no, no es el aire acondicionado, es la pésima orientación del local y los muros de casa antigua.

Este es mi trabajo desde hace un año. Auxiliar administrativo en una obra, lo que traducido significa, chica para todo. El trabajo no está tan mal. Buen horario, sueldo aceptable y buen ambiente. Sólo tengo un compañero de trabajo con el que me llevo extremadamente bien. Y no exagero. Pero… Siempre hay un pero.

2 comentarios:

Carlota dijo...

Hola, Pequeña: gracias por tu visita...sabes? yo tengo un lunar de nacimiento, en la mano derecha...hace años me recomendaron quitármelo, pero no puedo.,..ha crecido (figuradamente, claro) conmigo, le tengo cariño, y eso que es feo, y cuando estaba embarazada de mi hija mayor, me metí en una pelea entre dos de mis perros y me lo partieron a la mitad...pero hasta esa cicatriz me gusta...cuando me dicen a la derecha...disimuladamente, miro mi lunar...jaja...me dan ganas de hacer un post hablando de él. Un abrazo.

Pipa Hidraulica dijo...

Y esa bonita cicatriz que te hiciste sobre el hombro?